
"Pi" fue la película de culto del 98. Tras su ovación en Sundance, el joven Darren Aronofsky, con 4 millones de pesetas, una cámara de 16 mm., un mes de trabajo e innumerables quebraderos de cabeza, consagró así una película compleja, extraña y desconcertante.
"Pi" fascina visualmente. Opera prima de Darren Aronofsky , contiene una exquisitez surrealista y el continuo ambiente malsano, claustrofóbico, tenso y desasosegante. Las imágenes de "Pi", en puro B/N, inquietantes, mórbidas y frenéticas (también a veces cansinas y redundantes) dan juego a la música ultramoderna, estridente y machacante de Clint Mansell, clave de la creación de la atmósfera enfermiza de "Pi".
"Pi" se centra en el tormento existencial de un genio matemático y su obsesión depresivo-maniaca por revelar Pi.
Las situaciones límite se suceden, a medida que diserta sobre la Teoría del Caos, la Espiral Pitagórica, el mercado bursátil, el tablero chino Go/Weiqi, la oscura realidad de la jaqueca, la Cábala Judía, la Gamatria (el uso de la matemáticas para desvelar los secretos de la Torah) y, por supuesto, la letra y el símbolo Pi, de dígitos irracionales e infinitos.
El ir mas allá de los orígenes de la humanidad y del cerebro para explicar el antes y el después del Hombre, del ser como materia del alma humana, es una constante de la Ciencia Ficción, En este sentido "Pi" es paradigmática. Un filme que ha plasmado muy bien la paranoia: perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas; la creencia de un orden oculto detrás de lo visible. El protagonista busca un modelo perceptible de perfección absoluta en medio de la compleja y caótica naturaleza; trata de hallar el origen del universo dando pie al misterio de Pi, una vasta e infinita cadena numérica cuyo orden es existente pero invisible. Sabe que cualquier sistema aparentemente azaroso tiene detrás un orden; un orden que, despejado Pi, le puede llevar a Dios.
Este filme postmoderno, de visión obligada, puede resultar genial o aborrecible, arriesgada u original, pero es toda una experiencia sensitiva. Se mueve entre lo insoportable y el miedo, la náusea y el vómito, la locura y la angustia, orden y caos, materia y forma, simbología y escritura, hombre y maquina, la antigüedad y lo moderno, los misterios matemáticos y el misticismo judío, los principios de la física y la especulación… Y así, hasta llegar a un impactante y duro final.
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